En el local prestado del barrio, el domingo empieza con cajas de cartón y cinta de pintor. Durante años el ritual era el mismo: alguien traía el tomo, otro pasaba nombres propios a un cuaderno y el resto esperaba a que la fotocopia del glosario se secara. El manhwa del móvil no cabía en ese cuaderno, y el cuadernillo de feria se leía a medias porque nadie se atrevía a tachar el original.
Este otoño cambiamos el orden. Antes de abrir la mesa, quien lleva el orden del día pasa las páginas por el traductor manga ia y deja los globos en un español que se puede leer en voz alta, sin convertir a una sola persona en diccionario. Si llega alguien que no conoce la serie, le indicamos el traductor manga para situar el título, el tono y las palabras que el grupo ya acordó no cambiar.
A media tarde aparece el webtoon vertical. Ahí el desplazamiento es otro, y usamos el traductor de manhwas para no perder los apartes que van al margen. Cuando una autora deja un fanzine grapado, lo abrimos con el traductor de doujinshi, con el mismo cuidado con el que se pasa un original que todavía huele a tinta. Y si el público se va antes del cierre, guardamos la traducción de manga para que el capítulo siguiente no empiece de cero.
El Equipo MangaTranslate, proyecto de ficory LLC, no organiza la feria ni sustituye la charla de pasillo. Solo retira la barrera del idioma para que la conversación vuelva a ser sobre silencios, chistes que no aguantan una nota al pie y ese nombre propio que el grupo decidió conservar. Seguimos siendo una mesa pequeña, con una caja para el cambio y la norma de devolver cada tomo a su dueño antes de apagar las luces.